estímulos incluidos la radiación, el choque térmico y ciertas toxinas bacterianas.
«Cuando se consume mucho alcohol, las toxinas de las bacterias intestinales pasan a la sangre y de ahí al hígado», explicó la investigadora a el ‘New Scientist’. El hígado es un filtro y se encarga de inactivar las toxinas, pero el precio que hay que pagar es que el NFkB se activa. Como consecuencia el tejido se inflama y se muere.
El trabajo se ha publicado en el American Journal of Physiology- Gastrointestinal and Liver Physiology.
Para ver el artículo http://www.elmundo.es/elmundosalud/2003/03/26/biociencia/1048676260.html